
El mobbing laboral es una forma de violencia psicológica en el trabajo que puede afectar gravemente a la salud y a la carrera profesional de quien lo sufre, y por eso cada vez más personas buscan asesoramiento especializado para afrontarlo y denunciarlo.
Cuando aparecen dudas sobre si una situación concreta es acoso o “simple conflicto”, contar con el criterio de un despacho como Dable Abogados puede marcar la diferencia a la hora de valorar pruebas, derechos y pasos a seguir.
Antes de dar el paso legal, también resulta útil conocer bien como identificar el Mobbing Laboral en el día a día para no normalizar conductas que en realidad vulneran la dignidad de la persona trabajadora.
Qué es el mobbing laboral
El mobbing laboral, o acoso laboral, es un comportamiento continuado de hostigamiento psicológico, hostil o humillante contra una persona en el entorno de trabajo, con el objetivo de quebrar su estabilidad emocional o forzarla a abandonar su puesto. No se trata de un conflicto puntual, una discusión aislada o una mala relación con un superior, sino de una conducta sistemática que se prolonga en el tiempo y que termina afectando a la salud y a los derechos laborales de la víctima.
En España, el acoso laboral se vincula con la vulneración del derecho a la integridad moral y de la dignidad de la persona trabajadora, y puede tener relevancia tanto en el ámbito de la prevención de riesgos laborales como en el penal, civil o social. El Código Penal castiga determinados supuestos de mobbing cuando el acosador se aprovecha de su superioridad jerárquica para realizar de manera reiterada actos hostiles u humillantes que supongan un grave acoso para la víctima. Además, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y normas internacionales como el Convenio 190 de la OIT obligan a las empresas a prevenir y actuar frente al acoso en el trabajo.
Tipos de mobbing laboral
El mobbing puede adoptar diferentes formas según la relación jerárquica entre la persona que acosa y la víctima, o según el objetivo que se persigue con ese hostigamiento. Entender estas modalidades ayuda a identificar mejor qué está ocurriendo y a explicar la situación si se decide denunciarla.
Entre los tipos más frecuentes se encuentran:
- Mobbing horizontal: se produce entre compañeros que ocupan un nivel jerárquico similar, por ejemplo, un grupo que excluye, critica o ridiculiza sistemáticamente a otro trabajador.
- Mobbing vertical descendente o “bossing”: el acoso proviene de un superior o de la dirección, que utiliza su poder para presionar psicológicamente a la persona trabajadora.
- Mobbing ascendente: en este caso son uno o varios subordinados quienes hostigan a una persona que ocupa un cargo superior, por rechazo, envidia o con el objetivo de forzar su marcha.
- Mobbing estratégico o institucional: se utiliza el acoso como una herramienta para lograr que la persona renuncie voluntariamente y así evitar un despido con indemnización.
- Mobbing discriminatorio: el hostigamiento se basa en motivos como la edad, el sexo, la orientación sexual, la enfermedad, la apariencia física o las creencias ideológicas o religiosas.
Aunque la forma de presión cambie, todos estos tipos comparten un elemento común: el ataque continuado a la dignidad de la persona trabajadora, con un impacto directo en su salud mental y en su desempeño.
Señales y conductas típicas de acoso
Distinguir entre una mala organización del trabajo, un liderazgo deficiente y un verdadero caso de mobbing no siempre es fácil. Sin embargo, hay una serie de señales repetidas en el tiempo que deberían encender las alarmas.
Algunas conductas habituales de acoso laboral son:
- Aislamiento social: excluir a la víctima de reuniones, comunicaciones o actividades del equipo, ignorarla sistemáticamente o impedir que participe en decisiones relevantes.
- Críticas constantes y humillaciones: reproches desproporcionados, comentarios despectivos o ridiculización del trabajo y la persona, a menudo delante de otros compañeros.
- Rumores y ataques a la reputación: difusión de comentarios maliciosos sobre la vida personal o profesional de la víctima para minar su imagen frente al resto.
- Asignación de tareas inútiles o degradantes: encargos sin sentido, sin valor productivo o por debajo de la cualificación profesional como forma de castigo o desprestigio.
- Sobrecarga de trabajo o exigencias imposibles: imponer plazos irrealizables, tareas excesivas o responsabilidades contradictorias para generar estrés y provocar errores.
- Dejar al trabajador sin ocupación efectiva: retirarle funciones sin explicación, mantenerlo largos periodos sin tareas o sin acceso a la información necesaria.
A nivel personal, el mobbing suele traducirse en ansiedad, insomnio, somatización (dolores físicos sin causa médica clara), pérdida de autoestima y miedo constante a equivocarse o a acudir al trabajo. Cuando estas señales se prolongan en el tiempo y la persona siente que vive en un ambiente hostil permanente, es importante pedir ayuda y no normalizar el sufrimiento.
Cómo actuar si crees que sufres mobbing
Si sospechas que estás sufriendo acoso laboral, el primer paso es reconocerlo y evitar culpabilizarte: el problema no es “que no sabes aguantar”, sino un entorno o una conducta que vulnera tus derechos. A partir de ahí, conviene combinar una estrategia de protección personal con acciones dirigidas a dejar constancia de lo que sucede.
Algunas pautas esenciales son:
- Documentar los hechos: anotar fechas, horas, lugares, qué ocurrió, quién estaba presente y cómo te afectó; conservar correos electrónicos, mensajes, órdenes de trabajo o cualquier prueba objetiva.
- Buscar apoyo emocional: hablar con personas de confianza, familiares, amistades o un profesional de la psicología para manejar el impacto emocional.
- Informar a la empresa: cuando exista, es importante activar el protocolo interno de acoso laboral a través de recursos humanos, prevención de riesgos o los canales que la organización tenga previstos.
- Acudir a la representación legal o sindical: en casos de acoso horizontal o cuando el protocolo interno no funciona, puede ser útil contar con el apoyo de delegados sindicales o representantes de los trabajadores.
- Valorar la vía legal: si el acoso es grave o persistente, es posible denunciar ante la Inspección de Trabajo o acudir a los tribunales, reclamando la tutela de derechos fundamentales, una indemnización por daños y perjuicios, o incluso la extinción indemnizada del contrato.
Además, es fundamental cuidar la salud física y mental durante todo el proceso: el mobbing no solo afecta a la carrera profesional, sino también al bienestar global de la persona. Mantener hábitos saludables, pedir baja médica si es necesario y apoyarse en redes de confianza ayuda a afrontar mejor la situación mientras se buscan soluciones jurídicas y laborales.
Importancia de la prevención y la cultura empresarial
La mejor forma de combatir el mobbing es evitar que llegue a producirse. Para ello, las empresas tienen la responsabilidad de implantar políticas claras de tolerancia cero frente al acoso, protocolos de actuación, canales confidenciales de denuncia y formación específica para mandos y equipos.
Fomentar una cultura basada en el respeto, la comunicación abierta y la diversidad reduce el riesgo de que se normalicen bromas hirientes, humillaciones o prácticas de aislamiento. Recursos humanos y prevención de riesgos laborales juegan un papel clave en la detección temprana de conflictos que podrían escalar hacia el acoso si no se gestionan a tiempo.
Desde la perspectiva de la persona trabajadora, conocer qué es el mobbing laboral, qué tipos existen, qué señales deben preocupar y cómo actuar permite tomar decisiones informadas y proteger sus derechos con más seguridad. Saber que existen herramientas internas en la empresa y también externas —Inspección de Trabajo, jurisdicción social y penal, apoyo psicológico y jurídico especializado— ayuda a no sentirse sola frente a una situación que, por definición, busca precisamente aislar y desestabilizar.
